✒️La Tercera LEY del PEDO

Conociendo la Tercera LEY DEL PEDO:

(Capítulo oficial de mi libro)

👉Recapitulemos un poco:

Un pedo, un problema, todo parte ahí, desde una situación o circunstancia que genera un problema en la pareja. En México le llaman «pedo», no sé si te lo dije, pero mi esposa es mexicana y yo amo ese país y su cultura. Es por eso que me refiero a los problemas como «pedo», y aquí te cuento algo que descubrí/elaboré en el transcurso de mi carrera… (si aún no has leído la primera ley del pedo te invito a que primero le eches un vistazo para tener un contexto mas amplio)

TERCERA LEY DEL PEDO:

“Tercera ley del pedo: no es tu pedo, ni su pedo, es vuestro pedo.”


Un amigo me dijo en una ocasión: «Terreno cedido, terreno perdido». Cuando se cede un terreno, puede ser por dos motivos muy diferentes: porque ese espacio vital no hace una diferencia, y se piensa que es un paso necesario para generar esa adaptación, o porque la persona que cede no sabe lo que está desechando hasta que experimenta las consecuencias de una mala autogestión.

Para poder llegar a un acuerdo satisfactorio, se tiene que hacer una negociación muy diferente a lo que se entiende como una negociación exitosa en un bazar turístico que visitas una vez y ya no más. De nada sirve tomar ventaja en una negociación cuando existe una relación de pareja, si esa negociación no tiene mentalidad de largo plazo, no tiene futuro.

Sin embargo, a veces llegar a un acuerdo resulta complejo, y para explicarte por qué, voy a contarte un cuento…

“Había una vez seis hombres ciegos que querían descubrir cómo era un elefante, así que decidieron averiguarlo tocándolo:

—Cuando el primer hombre tocó la pierna, dijo: «Oye, esto es un pilar».
—El segundo hombre dijo: «No, es como una cuerda», cuando tocó la cola.
—El tercero dijo: «No, es como una rama gruesa de un árbol», mientras tocaba la trompa del elefante.
—El cuarto hombre dijo: «Es como un gran abanico», mientras tocaba la oreja.
—El quinto hombre dijo: «No, es una pared enorme», mientras tocaba el vientre del elefante.
—El sexto hombre dijo: «Es una tubería sólida», mientras tocaba el colmillo del elefante.
Los hombres comenzaron a discutir sobre el elefante y cada uno insistió en que tenían razón".

Para ti y para mí, está claro: cada uno tiene razón en lo que apreció.

El punto es que prácticamente en todos los argumentos hay un elefante, o al menos una parte del elefante; sin embargo, ese elefante se encuentra en algún lugar en medio de todas esas perspectivas.

¿Cuál es la moraleja de la historia?

Que todos vemos solo una parte de la realidad de nuestro elefante, incluso el gris del elefante, implica metafóricamente que no existe una visión única de los ‘hechos’. A menudo, los problemas no son blancos o negros, sino de amplia variedad de grises.

La moraleja de la historia es reconocer que la perspectiva de tu pareja es tan válida como la tuya. No tienes que estar de acuerdo, pero, para superar un incidente lamentable, debes mostrar respeto por las opiniones ajenas.

Un gran político y abogado Mexicano dijo en cierta ocasión:

“El respeto al derecho ajeno es la Paz”.
—Benito Juárez.

Durante una sesión, el esposo demostró estar más preocupado por la comodidad de su madre al visitar la casa que por el bienestar emocional de su esposa. Le narré a la pareja la historia del elefante, buscando transmitir un mensaje sutil sobre la importancia de la empatía y la comprensión mutua.

Más tarde, esa misma noche, el esposo adoptó una actitud humorística al simular buscar algo en la casa, lo que contribuyó a aliviar la tensión del momento. La esposa, desconcertada, le preguntó: “Estoy tratando de encontrar al elefante en la habitación”. ¿Puedes decirme lo que estás viendo para que podamos averiguar ambos cómo es nuestro elefante?

Ella se rio y empezaron a trabajar juntos para descubrir cómo se veía este elefante.
A menudo, durante un conflicto, sentimos que estamos en equipos diferentes, tratando de sumar puntos, el uno contra el otro. Cuando esto sucede, los dos pierden. El objetivo de tratar de resolver un conflicto es encontrar el mejor beneficio para ambas partes. A veces, esto requiere un compromiso, otras veces, lo único que necesitan las parejas es sentirse comprendidos.

De cualquier forma, necesiten lo que necesiten, es vital que aprendáis a solucionar los conflictos, desde la tercera ley del pedo, es decir, con la camiseta del mismo equipo.

Enamora-dos, comprometi-dos, enfada-dos, es cosa de dos. Incluso casa-dos, significa casa de dos. No dejéis que nadie se meta en vuestra relación; ya sean amigos, compañeros, o familiares.

Si tienes dificultades para respetar la perspectiva de tu pareja, puede ser porque la ves en el otro equipo. Esto es algo común, no te machaques por ello. A menudo destacamos nuestras cualidades positivas y etiquetamos a la pareja con características negativas para sentirnos mejor con nosotros mismos. ¿Quién no abusó en algún momento con un poco de indulgencia y un exceso de crítica cuando existe un sentimiento de desamparo?

Esto es lo que Fritz Heider llama "El error de Atribución Fundamental". Es muy parecido a decir: "Yo estoy bien, tú tienes defectos que solucionar".

Esta visión competitiva se interpone en el camino de la resolución de conflictos. La forma de manejarlo es utilizando la Ley del Pedo.

Si uno de los dos está siendo egoísta en algún momento, los dos tienen un área de oportunidad, porque en un equipo da igual quién meta los goles, independientemente de la posición que cada uno ocupa, todos pierden y todos ganan.

Las relaciones son como la homeostasis, un continuo vaivén de adaptación a los diferentes desequilibrios que se generan, donde cada uno debe buscar su centro independientemente de las situaciones que surjan. Es soltar la familia de origen para abrazar el tipo de familia que desean crear juntos.

Y respetando la tercera Ley del Pedo, no se debe persuadir ni tratar de resolver el problema hasta que ambos puedan exponer su percepción y sentir la validación de la pareja de manera satisfactoria. De lo contrario, se corre el riesgo de querer cambiar la camiseta del equipo sin darse cuenta.

•Conclusión: aquí ya no es tu pedo, ni su pedo, es vuestro pedo, es decir, es vuestro problema. Ambos tenéis un mismo objetivo: cambiar la situación tal y como es, y los dos tenéis que hacer un esfuerzo activo por cambiar la dinámica.

En una encuesta realizada sobre el divorcio, realizada por Lynn Gigy, Ph.D. y Joan Kelly, Ph.D., el 80 % de los hombres y mujeres divorciados dijeron que su matrimonio se acabó porque gradualmente se distanciaron y perdieron el sentido de cercanía, o porque no se sintieron amados y apreciados” Dr. John Gottman.

Al principio de toda relación romántica hay una oleada de sentimientos que te llevan a querer pasar cuanto más tiempo juntos mejor. Esa entrega desbordada es impulsada por la liberación de dopamina, una hormona que inunda tu cerebro cuando algo nuevo capta tu atención. La dopamina crea atracción y te mantiene enganchada/o; es una adicción afectiva.

Sin embargo, ese impulso inicial se desvanece y tus niveles hormonales tarde o temprano vuelven a la normalidad, y normalmente las lealtades de la familia de procedencia crea pedos y discrepancias que os distanciarán el uno del otro, de una u otra forma.

Las parejas terminan normalizando la bendición de compartir una vida en conjunto, y luego perciben esa bendición como una maldición cuando no han creado su propia constitución familiar, porque eso significa que tienen camisetas de diferentes equipos.

La buena noticia es que, si elegís intencionalmente nutrir vuestra relación, dedicándole tiempo a armar conjuntamente los valores, reglas y creencias a los que queréis hacer justicia. La inversión de tiempo, energía y esfuerzo, no os costará trabajo, y vuestro cerebro producirá más oxitocina, la «hormona del amor», al incentivar la conexión y la intimidad, como el contacto físico y el apoyo emocional. Dejaréis de abandonar el timón a la deriva y podréis crear juntos una dirección hacia la cual avanzar en equipo. Ahí está la importancia de que juntos os centréis en vuestro pedo.

Vuestro pedo es el desafío más importante en la creación de esta conexión; está en cómo percibís la relación. Hay una gran diferencia entre pensar en «tus pedos» y «mis pedos», a decir, “nuestros pedos”. Es un nivel de conexión más profundo, aunque muy pocas parejas que conozco alcanzan realmente ese nivel de intimidad emocional.

Al cambiar vuestra perspectiva e identificaros en un «nosotros» como una entidad que existe entre ustedes, pueden empezar a trabajar juntos en cualquier desafío que la vida les proponga. En vez de culpar a tu pareja, y centrarte en solucionar tus pedos derivados de ese contexto, generando cierta sensación de soledad o abandono, consiguen abordar los desafíos como un frente unido, trabajando como un equipo de alto rendimiento emocional.

Reconocer que la relación en sí requiere trabajar en ella todos los días, y colaborar para hacerse la vida más fácil el uno al otro, genera como consecuencia natural el correcto enfoque de los objetivos y hace que el proceso de fortalecer la conexión sea más fácil para los dos.

Este cambio de mentalidad transforma los desafíos en obstáculos compartidos, lo cual divide los problemas a la mitad. ¿Cómo nos alivia sentir que nuestros problemas se comparten equitativamente? Al ver la relación como un nosotros, se desarrolla un sentido de identidad propio, con un conjunto de necesidades, fomentamos el principio de colaboración en vez de competencia.

No sois el uno contra el otro, sois los dos contra el mundo.

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